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 Tras dejar el resto del aire en el último acorde, extenuado, se puso en pie aún sin ser consciente de lo que había pasado. Toda su fuerza estaba puesta en llegar vivo a ese final de la obra. Pero la atronadora ovación lo devolvió a la realidad, después de haber estado totalmente concentrado en la música, metido en cada compás y en cada respiración. Entonces era el momento de alzar la vista y morderse el labio inferior para aguantar las lágrimas que pugnaban por salir, porque en su mente ya no había música, había pura emoción. Es el momento de acordarse de todos y de todo, de los que han ido a verle, de los que no han podido, de los que le han dado ánimo, de los nervios de la noche anterior que quedan en el recuerdo… Es uno de esos momentos que sólo puede darte la música, en los que se justifica el precio que le pagas a la misma.

Estoy hablando de cualquiera de mis compañeros de la BSMO, o quizá de mí mismo, en el momento de terminar el concierto del pasado 22 de diciembre de 2012, el día que ganamos la final del concurso provincial de bandas. Y es que fue como hacía diez años, la primera vez que tocamos en el Falla, cuando al terminar nos miramos sin creernos a dónde habíamos llegado. Aquella vez fue con El Camino Real de Alfred Reed; esta vez fue Libertadores, de Óscar Navarro, la que nos llevó al éxtasis. La Banda de Ogíjares, una vez más, lo consiguió.

 Aunque no resulte creíble, el premio es lo de menos. El premio lo único que hace es reforzar nuestro ánimo por todo el esfuerzo que hemos llevado a cabo, que ha sido quizá uno de los más intensos de los que hemos hecho como banda. Pero lo más importante ha sido el camino, y ha sido la unión: director, directiva, músicos y padres, todos remando en una misma dirección, todos unidos con determinación para un objetivo común. Ese debe ser el verdadero sentido de la música. Niños entre el público siguiendo el ritmo de los tambores con sus manos, familiares emocionados, movimientos espontáneos de músicos que se conocen de toda la vida y luchan codo con codo, solistas que saben sacar lo mejor de sí mismos para ponerlo al servicio de los demás, segundas y terceras voces voluntariosas que saben de su importancia para sostener el conjunto… Tal era la concentración y el convencimiento que poco importó que en mitad de la obra la batuta saltara por los aires. Todo el día fue una convivencia inolvidable, la culminación de todo un largo proceso.

 Y después… Mucha celebración, comida en gran familia, disfrutando de la sensación del trabajo bien hecho que ha sido reconocido. Otra de las grandes sensaciones es caminar por las calles de Ogíjares y que cualquier vecino hable con orgullo de su banda, y diga “qué buenos son nuestros chicos”. Comenzamos el año con una sola idea en mente: seguir trabajando, seguir mejorando y sobre todo seguir viviendo la música juntos.