tormenta

 Asoma al alféizar la cuestión de la semana, es la misma y es distinta cada noche… Mientras se condena el cielo yo miro a la ventana, creyendo ver hogueras en el horizonte… Así empieza la última canción medio coherente que he compuesto recientemente, atrincherado con mi guitarra en una de esas tardes de lluvia inmisericorde. Y la idea principal de la canción es que ante la que está cayendo, quizá hacer música sea una de las pocas cosas a las que encuentro sentido, es un flotador al que agarrarse. Como la orquesta del Titanic, seguir tocando mientras el barco se hunde es una opción a tener en cuenta.

Es lo que tiene empezar el año cansado ya del frío, la resaca post-navideña nunca ha sido fácil. Y es lo que tiene no parar de ver malas noticias, de ver que los que mandan no sólo no hacen su trabajo, sino que se ríen de nosotros. Por eso prefiero pensar en música, constantemente.

 Y es que el oficio de crear música no tiene lugar sólo en esos momentos en que te sientas ante un teclado, una guitarra, un papel pautado o un ordenador, para preguntarte a ti mismo qué música llevas dentro y qué música te gustaría compartir y escuchar. El compositor lo es la mayor parte de su tiempo. Camina por la calle pensando cómo enlazar una secuencia de acordes, se desvela una vez en la cama porque acaba de pensar que es mejor cambiar un pasaje de las maderas agudas, interrumpe la cena porque se le ha ocurrido una cadencia que por fin le convence o silba una melodía obsesivamente mientras conduce para que no se le olvide. Y en el caso de las canciones, añadamos la creación de las letras… A veces me gustaría ser uno de esos que se sientan a componer y lo que tengan que hacer lo han hecho en un par de tardes. Pero no, ese sistema para mí no vale. Yo soy más errático, dejo cosas a mitad que retomo meses después, obtengo resultados después de sesiones de improductiva divagación, hago y deshago y debato constantemente conmigo mismo. Pero de alguna manera es una forma de vivir con mi música y evolucionar yo mismo con ella, de manera que estar creando algo puede condicionar tu día a día (igual que tu día a día condiciona lo que compones). Si repasamos las formas de trabajar de distintos compositores (grandes nombres clásicos o actuales, todos los ejemplos sirven), veremos que no hay dos maneras iguales de proceder. ¿Se puede desconectar? Por supuesto que sí, es necesario además. Pero a veces por estos motivos, es probable que no me dé cuenta de saludar a alguien por la calle o que no me entere a la primera cuando me dicen algo.

 Hacer música como un acto de fe hoy en día, un acto de fe que nos empuja a seguir adelante y no rendirnos. Hace poco me preguntaban si las canciones son una solución… Puede que lo sean o puede que no, no lo sé, pero sí sé que son una ayuda sin la que no podríamos vivir…