Giovanni Sades

Muchas veces, mi ideas surgen durante paseos, tanto ideas musicales como reflexiones. Y es que lo de pensar mientras se camina viene de muy antiguo, tanto que daba nombre a una escuela de pensamiento en la antigua Grecia. Pero mis pensamientos no suelen llegar a esos niveles filosóficos, espero no ser muy denso.

El otro día caminaba por las calles del centro y una imagen llamó poderosamente mi atención, dando pie a pensar muchas cosas. Justo en la puerta del conservatorio, había un vendedor de cedés piratas. La verdad es que con internet este tipo de venta también ha perdido mucho tirón, la gente ya se baja la música directamente, hay barra libre. Pero ver eso delante de la puerta de un conservatorio, por donde entran y salen a diario tantos músicos que llevan toda su vida estudiando, entregándose a la música… ¿Qué pueden pensar al ver música tirada en el suelo? ¿No da un poco la sensación de ver tu propio trabajo tirado en el suelo, tus propios esfuerzos tratados como mercancía barata? Claro que también hay que fijarse en el tipo de música que hay en el mercado, en el de la manta y en el “legal”. Normalmente es música de consumo rápido, música vacía, prescindible y fácil de olvidar… No estoy más que reflexionando sobre un viejo tema que no deja de ser recurrente. Y en esencia el tema pasa a ser: ¿hacia dónde va la música?

 Sin duda la estamos tirando por los suelos, tanto en sentido literal como figurado. No por descargarla de forma gratuita, normalmente los artistas que más se quejan de eso son los que menos motivo de queja tendrían. La estamos tirando por los suelos cuando la menospreciamos, cuando pensamos que es fácil, cuando seguimos la moda avasallante y no nuestro propio criterio; machacamos la música cuando pasamos de ir a un concierto, cuando en un concierto no guardamos silencio (sobre todo ocurre en los que no hay que pagar), cuando no respetamos a los artistas, cuando decimos “me aburro, esto no vale” sin haber escuchado siquiera dos compases…

¿Hacia dónde va la música? Pues no lo sé, ni pretendo saberlo, pero los que trabajamos en ella día a día intentamos descubrirlo mientras la vivimos. No tiréis al suelo a la música, no rehuséis ir a un concierto por pereza, respetad a los músicos, sean consagrados o estudiantes de primer año, tened criterio y comprended siempre el valor que tiene una obra musical y el esfuerzo que requiere crearla e interpretarla. Podemos hacer que vaya hacia donde queremos, podemos hacer que nos ayude a ser mejores.