procesion

Sorprendentemente, este artículo también empieza con un paseo por la calle… No lo puedo evitar, me pierdo en los detalles. Igual  me he tomado demasiado en serio eso que dicen de que un buen escritor debe estar siempre atento a las historias que le rodean. El caso es que tenemos la Semana Santa ya ahí, y llevo meses metido en el ambiente por los conciertos cofrades con la BSMO. Siempre he disfrutado con las marchas de procesión (no con todas): escuchándolas, interpretándolas, dirigiéndolas y desde hace poco componiéndolas.

Como iba diciendo, un día cualquiera yo caminaba por la calle y me paré en un semáforo. Al lado había un señor silbando, una escena totalmente normal. Pero cuando presté un poco de atención a esa melodía descubrí que se trataba del trío de Jesús Preso, de Emilio Cebrián, todo un clásico. No sé si ese hombre era músico, o si lo fue de joven, o si era estudioso de ese tipo de música, o si era un aficionado con buen oído. El caso es que me encanta esa melodía, y a punto estuve de incorporar mi silbido espontáneamente. Qué difícil es encontrar la música en la vida cotidiana con esa naturalidad.

 Esas marchas de Cebrián, Higuero o Faus, entre otros clásicos, me transmiten maestría, saber hacer, ecos de tiempos pasados; oraciones de gente mayor, procesiones antiguas, añejas; resignación, a veces me hacen sentir lo insondable de las reglas musicales en paralelo a lo insondable de las reglas de la vida… Entre la gran cantidad de obras que he tocado y escuchado, en alguna parte de mi mente he extraído esas sensaciones comunes en estos tres autores. Todo músico de banda debería pasar por ahí.

He escrito mucho sobre música de Semana Santa en artículos de años recientes, bien sobre composiciones concretas, conciertos o impresiones generales. Mis ideas han cambiado poco desde entonces. Sólo diré que hay gente que desprecia esta música por sus connotaciones religiosas… y tengo que decir que, cuestiones religiosas aparte, es música. Como en todos los géneros musicales, hay obras buenas, hay obras no tan buenas, y hay composiciones que no tienen nada que envidiar a una sinfonía. Más aún, hay composiciones de una belleza tal que es imposible no sentir nada al interpretarlas o escucharlas, no sentir raíces, o parte de uno mismo, o nostalgia, melancolía, o emoción , o la inminencia de la primavera… Así no es de extrañar que sea capaz de escuchar Nobody told me de los Vintage Trouble y justo después Amarguras, de Font de Anta.

Respeten esta música, tanto los grandes clásicos como los que siguen trabajando en ella, no tengan miedo de acercarse. Y cuando vean una banda cerrando el cortejo de una procesión, escúchenla, respétenla, no crucen por mitad rompiendo sus filas, tengan en cuenta que tener ese concierto moviéndose por la calle es un lujo. Para terminar, si les apetece, busquen Jesús de las Penas de Antonio Pantión; abandónense un momento, y escuchen…