Home Opinión Desde mi atril “Queremos hablar de la música en mayúsculas”

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La familia de Ogíjares Actualidad se amplía e incorpora a sus filas al joven músico y compositor Javier Tejero, profesor y jefe de Estudios de la Escuela Municipal de Música y Danza de la localidad (donde se encarga desde este curso de la revista Compás de espera) miembro de la Banda Sinfónica y cantautor. La música ocupa gran parte de su vida, pero el ogijareño también le ha querido hacer un hueco a las palabras impresas con un espacio mensual de opinión en la edición digital del periódico municipal. ‘Desde mi atril’ es su nombre y en octubre de 2013 inicia su segunda temporada.

– Le conocíamos como músico, compositor y profesor y ahora se mete de lleno en la redacción de la revista Compás de espera de la EMMDO. ¿Qué va a poder encontrar el lector en esta cabecera?

– Cualquiera diría que me aburría… Bueno, me parece un proyecto interesante, y todo lo que sea compartir ideas e impresiones sobre los temas que nos gustan me parece genial. Compás de espera va a ser una revista mensual no muy extensa, donde se hablará de música en todos sus aspectos, danza, actualidad de nuestra Escuela de Música… Intentaremos condensar todo lo que podamos en esa brevedad. Precisamente se llama “compás de espera” porque supone una pequeña pausa en la que podremos leer y pensar un poquito. Habrá una sección de participación de los lectores, que pueden mandar sus aportaciones mediante correo electrónico, y sobre todo tendrá un estilo ágil y directo (el poco espacio no deja lugar a muchos rodeos).

-Con motivo de esta nueva publicación ha nacido también una relación con el periódico municipal Ogíjares Actualidad. ¿En qué consiste esa sección, ‘Desde mi atril’?

Ante todo, estoy encantado de que se cuente con mi colaboración en este medio. En principio, ‘Desde mi atril’ es una sección introductoria de Compás de espera, a modo de editorial de un periódico. Será un breve artículo de opinión en el que haré alguna pequeña reflexión que se me vaya ocurriendo en torno a mis experiencias musicales. En otras palabras: en vez de guardarme para mí las tonterías que se me ocurran, las voy a compartir con todos los que quieran leerlas. A mí desde luego me servirá para desahogarme un poquito. Intentaré ofrecer cosas interesantes y de la forma más amena posible.

-En el primer número de Compás de espera citaba a Elvis Costello. ¿Realmente resulta tan difícil escribir de música y danza?

– Siempre queda interesante poner alguna cita, ¿verdad?… Fuera de bromas, es una frase que me llamó mucho la atención cuando la leí, “Escribir sobre música es como bailar sobre arquitectura”. Realmente, una de las cualidades de la música es expresar lo que no podemos expresar con palabras… Con ese punto de partida, ¿qué más podemos decir? En el campo de la danza no lo sé, porque no lo domino, pero igualmente son actividades donde lo ideal es que la práctica predomine sobre la teoría. Al hablar de música es fácil caer en divagaciones y en opiniones subjetivas, dependiendo de a qué nos estemos refiriendo, claro; una corchea es una corchea… pero ¿por qué? Aun así, pienso que es muy positivo poner en común lo que la música (o la danza) nos transmite y nos enseña, aunque en esa traducción al lenguaje convencional siempre se pierdan cosas (a veces se ganan otras).

-¿Cómo ve el panorama del periodismo musical? ¿Existen buenas publicaciones sobre música y danza?

– Aun sin conocer a fondo el panorama actual, pienso que está muy seccionado. Me explico: casi todos los medios especializados se limitan a algo en concreto; para las que se dedican a música rock, por ejemplo, una sinfonía es una excusa para echarse una siesta, y hay otras que se dedican a música culta que ven el demonio en un amplificador… Y pasa tanto en publicaciones escritas como en radio y televisión (bueno, la televisión es para estudiarla aparte…). Creo que una de las cosas más interesantes de nuestra nueva publicación es que no queremos limitarnos a nada en concreto, queremos hablar de música en mayúsculas. Supongo que habrá más por ahí con la misma idea. Puede que al intentar tratar tantas cosas no profundicemos en nada, pero para eso un lector con inquietudes sabrá seguir investigando por su cuenta. Es el mismo espíritu que intentamos difundir en la escuela, que puede ser válido tanto un minueto de Mozart, como una canción de los Creedence o unos fandangos de Huelva. Cuanta más música se conozca más se enriquecerá nuestra experiencia y nuestro mundo.

-¿Sólo estas artes ocuparán el espacio de ‘Desde mi atril’ o está abierto a explorar otros temas?

No tiene por qué ser exclusivo, de hecho para los que nos dedicamos a la música a veces es bueno desconectar y hablar de otras cosas (aunque la cabra tira al monte…). La misma música puede derivar en infinidad de temas, puesto que es algo natural que va con nosotros y nos acompaña siempre, en casi todos los momentos de nuestra vida. De todas formas, eso lo marcará sobre todo cómo esté yo en el momento de ponerme a escribir, dependerá de si hay algo que me ha marcado especialmente en ese momento, o tiraré de archivos de mi memoria… No diré que voy a improvisar, pero casi.

-Cuando sacó el disco Pequeña complejidad, a principios de año, ya nos confesó su pasión por la literatura. ¿Por qué este momento para intensificar esta relación con las letras?

– Principalmente porque me han ofrecido el medio, y al ser una publicación periódica me obliga a dedicarle su tiempo. Es una obligación pero a la vez es algo con lo que disfruto. Podría haber hecho un blog personal para dar rienda suelta a eso, pero no creo que hubiera tenido difusión ni trascendencia. Cualquier momento es bueno para mí, porque una vez que me siento a teclear las ideas no suelen tardar en fluir.

-También nos habló sobre un intento por escribir una novela. ¿Retomará este proyecto?

-Hubo un intento que se culminó en su momento (un segundo premio lo atestiguó), aunque ahora mismo la releo y no me parece que tenga calidad suficiente para sacarla a la luz. Hay por ahí otros proyectos que están empezados pero aparcados y a medio hacer… Es difícil, porque escribir algo de esa magnitud requiere su dedicación, y al mismo tiempo la música me reclama su parte de atención todos los días. No lo sé, ideas no me faltan, pero quizá tenga que esperar cierto tiempo hasta encontrar su momento propicio. De todas formas sí que voy escribiendo algún que otro relato breve, algún pequeño ensayo, versos que suelen convertirse en canciones… Lo de la novela ya es algo más serio, son muchas piezas que encajar y ahora mismo tengo poco tiempo para pensar en ello.