semanasanta2013

 Ya no queda nada. La Semana Santa está a la vuelta de la esquina. Muchas cofradías han mudado ya sus pasos, y los cofrades miran al cielo y rezan para que la lluvia no sea la protagonista durante ocho grandes días.

En Granada, ciudad de la Alhambra, ya huele a incienso, azahar y cera derretida; ya huele a emoción y a sentimiento por las calles. Ya se ven a los niños y niñas recogiendo las gotas de cera que caen de las velas de las mantillas para formar esas bolas típicas, todo un tesoro para ellos. Ya huele a belleza incalculable, a costaleros sufridos, a mantillas elegantes, a capataces entregados y a penitentes anónimos bajo sus espigados capillos.

De rodillas se pueden ver a los costaleros en las iglesias rezándoles a sus Sagrados Titulares en ese recogimiento espiritual tan necesario. Y mientras, en las calles, la gente se vuelca con la fiesta, con su Semana Mayor, recorriendo las recoletas calles por las que pasan esas hermosas tallas realizadas en las ilustres escuelas granadinas, emocionándose y llorando un año más al paso de los cristos y las vírgenes mientras reza una plegaria o alguien se arranca con una saeta.

La Semana Santa de Granada es única porque los enclaves por los que pasan las procesiones son únicos. Qué razón tenía Francisco de Icaza al afirmar que no había en la vida nada como la pena de ser ciego en Granada. Esas estrechas callejuelas del barrio del Albaicín por donde pasa la virgen de la Aurora, son únicas; esa Carrera del Darro, testigo de la belleza de la cruz de taracea del cristo de la Misericordia o “Cristo del Silencio”, es única; esa Abadía del Sacromonte, rodeada de hogueras y saetas, por la que discurre “el Cristo de los Gitanos” el Miércoles Santo, es única; esa Alhambra, engalanada bajo la luz de la primera luna llena de la primavera, testigo de la belleza sin parangón de Santa María de la Alhambra, es única; esas calles empedradas del barrio del Realejo que tienen el honor de ver pasar a Santa María de la Victoria, son únicas; y esa Iglesia Catedral, regalo renacentista que acoge a todos y cada uno de los pasos, es única.

Granada entera se transforma y se convierte en un impresionante escenario lleno de música y arte, donde todo el mundo participa de la Pasión.

Ya se pueden ver a los entregados costaleros recolocándose su costal y tomando aliento para meterse debajo del paso. Ya huele a Pasión Cofrade,…, ya huele a Estación de Penitencia en Granada.