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La Torre De La Vela

La Torre de la Vela

Aquella mañana, nada más despertarme, escuché La Torre de la Vela, una de las canciones más míticas de los 091. Era el 18 de mayo de 2006, y se cumplían diez años de aquel épico Último Concierto, en el anfiteatro de Maracena, donde el grupo granadino se despidió de su ciudad y su público. Me puse mi camiseta especial para la ocasión y me encaminé a la facultad una mañana más sin parar de silbar la canción.

Durante la mañana recibí un mensaje: mi trompeta nueva ya estaba disponible en la tienda, y como no podía esperar más decidí recogerla aquella misma tarde. Era mi primera trompeta profesional, la que me iba a acompañar en mis estudios y actuaciones, una importante inversión que pude hacer en aquel momento gracias a mi esfuerzo y a un pequeño golpe de suerte. Al llegar a la tienda y abrir el maletín, su brillante resplandor iluminó mi cara y me hizo sonreír. “Es una buena compra, chico, este instrumento es para toda la vida. ¿Has pensado ponerle nombre?” Pues no, no lo había pensado; sabía que muchos músicos le ponen nombre a sus instrumentos, en una especie de acto de complicidad con él (los músicos somos así de especiales), pero yo no me había planteado hacer tal cosa hasta entonces. Pero recordé el día que era, y la canción que había escuchado por la mañana… Sí, creo que le pondré nombre. Luego mi profesor me dijo “sé que no me vas a hacer caso, pero ni se te ocurra estrenarla en el concierto que tienes el sábado, aún no estás hecho a ella”. Efectivamente, no le hice caso, mi historia con esa trompeta ya había echado a rodar.

Puede llamar la atención que mi grupo favorito sea tan cercano, pero ¿por qué habría de irse uno lejos a buscarlo si lo tiene aquí? Mi relación con los 091 empezó hace mucho, tanto que se remonta a mis primeros recuerdos. Mis hermanos mayores los escuchaban asiduamente, y mi admiración iba creciendo, no paraba de cantar letras que ni siquiera entendía, pero que con el paso del tiempo comprendí que son de las mejores letras que se han hecho en toda la historia del rock español. Y hago esa afirmación convencido de que no estoy exagerando. 091, para mí, ha sido “el grupo”, una combinación perfecta de la inconfundible voz de José Antonio García, la maestría compositiva (a nivel musical y de letras) de José Ignacio Lapido, acompañados a la perfección por Tacho González a la batería. Otros músicos fueron pasando por la formación aportando cada uno lo suyo, catorce años de carrera dan para mucho.

 Después de más de una década y siete discos, decidieron que había llegado el momento. Más de cien lobos fue producido por Joe Strummer (The Clash) por iniciativa del propio Strummer; Doce canciones sin piedad está considerado uno de los mejores discos del pop-rock nacional… Pero Todo lo que vendrá después, su última grabación de estudio, tuvo que ser producida por ellos mismos, en un penúltimo acto de fe. Lo tenían todo, pero se les negó, sobre todo por malas gestiones de los mánager, compañías de discos, y por las perfidias de la industria musical que ya entonces se cobraba víctimas. De haber podido llegar al público… quizá la historia sería otra. Por eso, aquella gira de despedida, especialmente aquel último concierto de mayo del 96, fue un grito al mundo, un brindis al sol, pero sobre todo un acto de valentía y coherencia con tus propias ideas, algo tan extraño de ver. Una despedida que llegó a portadas de periódicos y que conmocionó a una ciudad. Escuchando esa grabación te das cuenta de que probablemente estaban en su mejor momento… Y yo estuve allí, a pesar de mis nueve años de edad, yo estuve allí con mis hermanos mayores, sintiéndome mayor por primera vez, porque ya entonces sabía que iba a vivir algo histórico, y que esas canciones no iban a dejar de gustarme.

 No voy a recomendar ninguna canción de los cero, porque no podría evitar que me saliera una retahíla de títulos, de los que podría cantar más del 90%. Pero sí que animo a redescubrirlos, y a escuchar sus letras con atención. Cuando paseo por Granada se me vienen a la cabeza versos de Lorca, músicas de Falla o Albéniz, y mil cosas más… Pero también canciones de los cero que están tan unidas a nuestras calles como el aire de la sierra, y que son tan representativas de nuestra ciudad como la Torre de la Vela.

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