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El joven Anselmo Wilkinson había tocado techo con aquella canción. Era una canción que describía un verano trepidante, cargado de emociones, de acción, de viajes, de amor y de experiencias. Una estructura estándar de rock iba desgranando todo aquello, acaso sin llegar a abarcar todo lo vivido. Y ciertamente fue un éxito, llegó a aparecer en listas de lo más oído, la gente recordaba el estribillo y lo cantaba, además de moverse cuando sonaba la canción en sus conciertos.

Pero aquello ya había pasado, y ahora la compañía discográfica presionaba a Anselmo Wilkinson para hacer otra canción que fuera un éxito, querían la canción del verano.

 – A ver, la canción está muy bien, qué duda cabe, pero le falta algo. No sé, algo de ritmo, un mensaje más fácil de entender para la gente…

 – Un toque latino, para música de verano es lo mejor. Se trata de que suene en todos los chiringuitos, en las discotecas, en los anuncios de la tele… Hace tiempo que no tenemos una canción del verano como tal, que identifique el verano de un año concreto. Esa es nuestra misión y creemos en ti para llevarla a cabo.

Y allí estaba él, aguantando opiniones de ejecutivos, representantes, algún músico acabado y tipos para los que en general la música sólo suponía el objeto de su negocio.

 – Yo no veo tan mal la canción, ese es mi estilo. Si hago otra cosa parecida a lo que estáis diciendo ya no seré yo.

 – Vamos, chico, si decimos que la canción no está mal, y cumplió su objetivo. Pero el rock n’ roll está muerto, y necesitamos algo más. Creemos que podemos sacar algo más potente, algo que llegue más todavía y que te ponga de golpe en primera línea. Otra canción de un verano que a la gente le gustaría vivir.

 – Pues temo que no puedo serviros para eso. Esa canción surgió de unas vivencias personales concretas. Ahora mismo no podría hacer ni siquiera algo parecido. No me viene.

 – Vaya, el tema de los artistas y la inspiración… Bueno señores, vamos a echarle una mano, no es difícil. Luego se lo mandamos al arreglista y todo listo. No dirás, te vamos a echar un cable, tú sólo tendrás que preocuparte de cantar. Adelante, tormenta de ideas.

 – Fundamental el aire latino que comentábamos. Y ha de ser pasional, intensa. Que hable del calor, de chicas guapas, o de la típica chica inalcanzable de la discoteca que se mueve de forma infernal.

 – Rimas contundentes, por ejemplo pasión-corazón. Y convendría cambiar un poco el acento, por ejemplo “corasón”.

 – El vestuario entonces hay que cambiarlo también. Si en realidad las fórmulas las tenemos bien estudiadas, sabemos lo que pone a la gente a moverse, no piden más.

 – Bien, vamos a conseguir un aire entre Juanes y algo más electrónico… ¿Cómo lleváis el estribillo?

 – Acabo de hacer un borrador, creo que puede ser bastante pegadizo. ¿Te lo leo, Anselmo?

 – Eh… Mándamelo por email si no te importa, le echaré un vistazo. Gracias por vuestras ideas, me pondré a trabajar y os mandaré lo que sea.

 Se levantó y abandonó la reunión totalmente desmotivado. Aquello había sido una falta de respeto a él como artista, al público tomado como una masa simple (algo tendremos que ver todos en eso) y a la propia música desde sus orígenes más remotos. En qué momento habría firmado aquel contrato absurdo, y en qué momento habría llamado la atención con aquella canción. Necesitaba oxigenarse.

El día de antes de la fecha de entrega que había fijado, paseaba por la playa con la guitarra colgada al hombro, mientras todos dormían la siesta. El nublado primaveral ahuyentaba a la gente y confería a la playa en aquel momento unas condiciones idóneas para la tranquilidad. No tenía nada, absolutamente nada. Por un momento pensó ceder en parte a las ideas de la discográfica; también pensó repetir algún patrón de su éxito anterior, aunque le dijeran que el rock n’ roll estaba muerto (entonces hay mucha gente haciendo espiritismo); pero no, no le salía nada.

Finalmente, rendido, se sentó en la arena y comenzó a desgranar un par de arpegios que se le ocurrieron en el momento. Y sin darse cuenta, empezó a cantar: Solo en esta playa de olas furiosas/ mi único objetivo es no pensar/ Temo estar perdido/ si doy un paso más… Íntima, melancólica, reflexiva… Justo lo contrario de lo que quería la compañía. Pero al infierno con la compañía.

Ya estaba bien, bastante que lleven por donde quieren a tanta gente sin criterio, como para que encima lleven por donde quieren a los propios músicos. Esa era su canción del verano, la canción de su verano, y nadie le iba a arrebatar eso. Gustaría o no, llegaría a mucha gente, poca o ninguna. Pero cada uno hace y vive su música, y eso es algo que hay que respetar.