Un alumno de la EMMDO se embarca en la construcción de instrumentos de cuerda

 

Hace cuatro años, en una clase de violonchelo, dos alumnos hablaban entre sí sobre lo curioso que sería que ellos mismos fabricaran sus propios instrumentos. Cuatro años después, uno de ellos, Alfonso Higueras, está convencido en convertir en realidad lo que podía haber sido un comentario sin mayores pretensiones.

“Después de esta conversación me quedé esa espinita y hace más o menos un año empecé a indagar por internet, a ver vídeo-tutoriales y páginas web”, explica este estudiante de la Escuela Municipal de Música y Danza de Ogíjares. Incluso consiguió un libro llamado ‘Fabricar un violonchelo paso a paso’.

Actualmente, Higueras ha creado ya los planos y plantillas de su primer violonchelo y espera que en verano pueda terminar el molde, el armazón sobre el que construirá el instrumento posteriormente. “Lo más difícil, sin duda, va a ser lograr el sonido, que depende mucho del espesor de la tapa y el fondo, que oscila entre 4 y 5 milímetros según la zona; el barniz, puesto que una proporción inexacta de los diferentes componentes puede provocar que el chelo suene oscuro, opaco; y la posición correcta de la barra armónica y el alma dentro del cuerpo”, confiesa este profesor de Geografía e Historia del IES Severo Ochoa de Granada. De hecho, el granadino de 52 años, apostilla que la información que hay sobre el espesor y el barniz no es muy clara, ya que los lutier se guardan el secreto como buenos magos de este arte.

Es consciente de que el viaje no es fácil, ni tampoco barato, ya que una buena madera puede rondar los 300 euros, más otros 2.000 para adquirir el equipo de herramientas necesarias. No obstante, ya tiene localizadas dos empresas que le pueden suministrar la materia prima y las piezas, como las clavijas, el cordal o el diapasón de ébano. “Un lutier profesional puede tardar unos meses en fabricar un chelo, pero ellos suelen ir haciendo varios de forma simultánea, mientras que en mi caso dedico el tiempo libre que tengo de forma esporádica”, comenta.

Aunque se define como un profano en la materia, sin contacto previo en el trabajo de la madera, Higueras espera que su primer violonchelo esté “medio en condiciones”, aunque sabe que la complejidad de su propósito le obligará a ir subsanando errores con la práctica. Por el momento, su afición –o reto, como él lo define- le ha llevado a impartir una charla sobre la construcción de instrumentos en la EMMDO –una iniciativa donde los alumnos no sólo aprenden, sino que enseñan-, e incluso el departamento de Música de su instituto le ha invitado a que repita la experiencia en el centro. No descarta, tampoco, poner en marcha un blog, a modo de diario, en el que narre su experiencia como aspirante a lutier.