DSC01877

Día festivo, hora de la sobremesa, todo en calma y el tiempo ralentizado. Hay un niño de unos siete años que no quiere dormir siesta, de hecho se siente más despierto que nunca. Ha cogido un rollo de plástico de forrar libros, y con él golpea el sofá de skay de forma rítmica y decidida. Canta el himno de España, aunque él no sabe qué está cantando. Pero esa mañana lo ha escuchado en un concierto que han hecho sus vecinos en la plaza, y la melodía se repite una y otra vez en su cabeza desde entonces. “Chaaanta, chaaaanta, tachanta chanta chanta…”. El maltrecho cilindro de forro golpea el sofá en cada acento de la melodía, con una exactitud y un encaje que hace que el niño se crezca y lo viva cada vez más… Hasta que llegan sus padres y le piden que les deje dormir la siesta.

 Esta pequeña historia ocurrió el 1 de mayo de 1994, fecha del primer concierto de la Banda de Ogíjares, hoy convertida en sinfónica y con una evolución espectacular. Qué más puedo decir de la BSMO a estas alturas… Pues sí, podría decir muchas cosas más, pero quizá en otra ocasión. Volvamos al niño-banda, que no entendía de siestas, para el cual sólo existía su concierto particular en aquel momento. Aquel niño no se hizo percusionista, pero sí trompetista, y casi veinte años después es el subdirector de la banda. Ni yo mismo sé cómo he llegado hasta aquí, pero sí sé que no imagino mi vida sin decir “tengo ensayo”.

 Esta anécdota que he contado tantas veces es una de mis favoritas, fue mi verdadero despertar musical. Recuerdo más ese momento posterior en mi casa que el concierto en sí; tengo imágenes mentales de un día soleado, una plaza llena de gente, camisas blancas, gafas grandes de las que se usaban entonces, y algunos flashes más. Reconozco lo que viví viendo fotos… pero no es lo mismo. El quiosco, la antigua fuente, más pequeña que la que hay ahora, las losetas blancas y rosadas que también se cambiaron, los poyetes donde nos sentábamos a comer chucherías… Pero la música, las melodías… eso no está en las fotos. Quizá haya algún vídeo, pero no me hace falta, recuerdo la música. Aunque siempre había estado cantando a voces en mi casa, canciones más grandes que yo, el contacto tan cercano con la música en directo y ver que los que la producían eran amigos y conocidos, algo mayores que yo, fue lo que implantó esta idea en mi cabeza: yo quiero estar en ese escenario algún día. No sabía con qué instrumento ni de qué forma, pero lo haría. Y el camino no fue fácil, ni lo es… pero la música es un camino que aunque a veces ingrato, te lo da todo, de una u otra manera. Entre la infinidad de cosas que tengo que agradecerles a mis padres ocupa un lugar especial el que me acercaran a la música y el que me animaran a estudiarla.

 Después de un par de años de no perderme casi ninguna actuación como jovencísimo espectador, ya fuera en Salar, Vélez o Sierra Nevada, me llegó el turno de incorporarme como músico… Y desde entonces innumerables historias de todo tipo, algunas incluso increíbles, que espero que continúen. Nuestra banda cumple 19 años, 19 años desde aquel primer concierto en el que fue bendecida por el señor Párroco. Aparte de hacer un sentido brindis por ella, podemos afirmar con orgullo que somos tradición, somos música, y somos Ogíjares. Espero poder seguir repitiendo mis batallitas en muchos más primeros de mayo.